RECORDANDO A BARBARA D’ACHILLE

Barbara d’Achille había creado un nuevo género de hacer periodismo ecológico, sus crónicas comenzaban a crear conciencia sobre la conservación de la naturaleza y la protección de los ecosistemas. Con un lenguaje innovador y una pluma muy original que despertaba interés y entusiasmo, nos permitió adentrarnos en la geografía, las regiones y los pueblos más olvidados del Perú, encontrando belleza, color y biodiversidad a su paso.

Cada semana me preguntaba en ¿dónde andará esta vez? o ¿qué estará haciendo?. De igual manera el misterio se despejaba con una nueva crónica de página completa en el Diario El Comercio, a modo impecable, original y lleno de imágenes que ilustraban sus investigaciones desde lo más profundo del suelo peruano. Barbara d’Achille era una mujer infatigable, una defensora de cuanto recurso natural encontraba en su camino, su mejor arma era escribir, lo hacía sensibilizando y transmitiendo pasión por las plantas, los animales, los cerros, las culturas originarias, etc. Sus crónicas completas hoy difundidas gracias al aporte del Diario El Comercio, revelan a la mujer de gran espíritu, cuyo propósito existencial iba de la mano con la propia madre tierra.

Barbara d’Achille solo dejaría de escribir un 31 de mayo de 1989, a pesar de la década de terror que azotó el país, ella jamás dejó de trabajar, de viajar, de investigar y escribir. Ni el terror, el narcotráfico, la probreza o la barbarie amedrantarían sus planes. Murió precisamente cuando se encontraba en Huancavelica, en el distrito de Huando cuando una columna senderista interceptó la camioneta en la que viajaba y al negarse a realizar una entrevista al comandante a cargo, fue ejecutada junto a las personas con las que viajaba. Una muerte absurda, una infamia como otros tantos casos ocurridos en el Perú de aquél entonces. La bala que apagó su vida se llevaría los sueños, esperanzas, ilusiones y proyectos de una gran mujer, pero su muerte no sería en vano, pues dejaría un imborrable ejemplo a seguir, una causa, que hoy numerosos estudiosos y jóvenes investigadores continuan inspirados en su obra.

La Reserva Nacional Pampa Galeras de Ayacucho, desde el año 1993 lleva su nombre, pues es una manera digna de honrarla por su aporte a la ecología y la cultura nacional. Un lorito verde amazónico adoptó, en su honor, el nombre científico “Nannopsittacadachilleae”. Antes de llevar su apellido, aquél pájaro era conocido como el “pájaro sin nombre”. Barbara d’Achille es y seguirá siendo un ejemplo de vida, una mujer con templanza y coraje que hoy recordamos con inmensa gratitud.

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