Apu Sonqo – Cuento

APU SONQO

Autor: Arnaldo Quispe

  • Muchos se preguntan del porque los flamencos habitan la laguna de Incawasi en Parinacochas, esta es una historia singular que trata de explicar porque estas aves migran cada año, volando grandes distancias hasta encontrar su hogar en la laguna sagrada.

Ricardo y Felipe, eran dos jóvenes soñadores, muy amigos desde la infancia, con muchos deseos de cambiar el mundo y siempre deseosos de aprender de la cultura de sus ancestros Incas y de las enseñanzas de los maestros curanderos del pueblo. Eran muy buenos exploradores de las montañas andinas y de todo lo que les pudiera llamar la atención desde manantiales, peñazcos, cuevas, animales y hierbas curativas, pero sobre todo tenían la ilusión de encontrar algún rastro de los tesoros Incas, que por varios siglos permanecían escondidos ante la inminente llegada del hombre blanco.

Visitaron muy seguido las ruinas de Incawasi muy cerca de la laguna sagrada, de canto a canto, piedra por piedra, hasta el punto de reconstruir mentalmente la composición de cada palacio Inca. En el pasado esta ciudadela había sido un centro administrativo muy importante de la cultura Inca, presentaba imponentes palacios, adoratorios y su propio intiwatana, el propio Inca disponía de su palacio de descanso dentro del complejo arquitectónico. Cuentan los ancianos del lugar que ante la inminente invasión extranjera el curaca ordenó abandonar la ciudad y esconder los tesoros de los palacios reales en el interior de la laguna, cuya única puerta sería sellada y custodiada solo por fieles guardianes, esperando la llegada del nuevo Sapa Inca.

Cuando Ricardo y Felipe encontraron por casualidad este portal, descubrieron en su interior grandes corredores y salones, como si se tratase de una ciudadela subterranea debajo de la laguna, cuya única puerta estaba en la ribera y pasaría desapercibida a los ojos humanos. En el interior del complejo los tesoros estaban intactos y consistían en objetos de poder, quipus, telares Incas, huacos, cetros de poder, tumbas reales y joyas con metales preciosos. Ambos tenían claro que no debían tocar nada, que estos tesoros Incas debían continuar intactos hasta la eternidad, ese era el precio que debían pagar por descubrir los tesoros reales Incas.

Esa noche Felipe regresó a la ciudadela subterranea secreta tentado por las riquezas, extrajo pendientes y otros objetos de oro. Cuando estaba por huir por la puerta Inca observó que los objetos de valor que tenía en su alforja comenzaron a cobrar vida y de su interior emergieron colibrís que rápidamente desaparecieron en el horizonte andino de aquella fría noche, pero para su sorpresa y posterior desesperación se dio cuenta que tenía alas en lugar de manos y un pico largo delante de su cara, con pánico huyó despavorido graznando como un pato perdiéndose en los alrededores de la laguna. Por su osadía había sido convertido en parihuana, el ave flamenca sagrada andina. Nunca más se supo de él, aunque se cree que es un flamenco solitario que se lamenta extrañamente ante la presencia de los humanos como si quisiera hablar o espantar a los presentes, recibiendo a cambio risas y agrado de parte de los ocasionales visitantes.

Ricardo buscó en vano a su amigo por mucho tiempo, pero nunca lo localizó. Lo extrañó y recordó siempre, con el pasar de los años se convirtió en un noble hampiq paqo, un poderoso maestro curandero andino, guardián de ese portal dimensional Inca para toda la vida, fue parte de la hermandad secreta andina que conserva los tesoros del Inca. En recompensa de su silencio la pachamama le concedió buenos atributos como curandero y la sabiduría de la madre tierra. Ricardo viviría desde entonces entre las montañas que rodean el Apu sagrado Sara Sara y la laguna. A su muerte se convertiría en huamaní, el espíritu tutelar del Apu Sara Sara, su nombre sería para la eternidad Apu Sonqo, es decir la esencia o corazón de la montaña andina. Se dice desde entonces que los flamencos que habitan la laguna fueron antes hombres que fueron convertidos en aves, por su osadía de profanar los tesoros Incas. La laguna lleva desde entonces el nombre de Parinacochas.

Fuente: http://www.takiruna.com

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