Una terapia milagrosa – relato

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UNA TERAPIA MILAGROSA

Por Arnaldo Quispe

Una de las razones por la que me volví reflexoterapeuta fue por haber vivido la experiencia de la terapia en carne propia, hace ya unos doce años padecía de lumbalgia aguda, que se manifestaba con dolores en la cintura y problemas posturales puesto que no podía mantenerme sentado por mucho tiempo. Era una situación que disminuía mi calidad de vida, pero que toleraba hasta restarle importancia, porque de igual modo tenía que trabajar. La experiencia de la terapia llegó gracias a mi hermana, quién ya llevaba años de terapeuta alternativa. Ella, al notar mi malestar lumbar me sugirió la reflexoterapia, era una escena familiar puesto que se trataba de mi hermana, y era además, la primera vez que recibía una esmerada atención a la zona de los pies, para entonces conocía el tema del masaje a la perfección, pero esta vez se trataba de una técnica que permitía curar el cuerpo mediante el sistema de reflejos localizados en los pies. Mi hermana Pina dedicó dos horas de su tiempo a mi terapia, al final del cual me quedé muy relajado no sin antes haber pasado momentos de rigor, por el dolor agudo que me provocaba algunas presiones del masaje a las plantas de los pies.

Luego solo recuerdo que tuve bienestar, era como si algo dentro de mi cuerpo se hubiera movido y milagrosamente el dolor a la columna no regreso más. A veces esperaba que llegase el “bendito” dolor, pues era como si ya conviviera con el malestar, pero no, éste nunca más regresó. A partir de esa experiencia mi testimonio era de haber sido curado, algo que la ciencia médica llama remisión espontanea, pero para mi fue el final de un ciclo de penuria que ya me acompañaba cinco largos años. Desde enconces esa técnica concentró mi interés, quise estudiarla y practicarla paralelamente a mi labor de psicólogo. No fue fácil comenzar pues no vivía en Lima y la Escuela donde mi hermana era egresada quedaba en el Distrito de Los Olivos, dirigido curiosamente por una enfermera y religiosa de origen europeo. Cuando se presentó la oportunidad de estudiar aproveché al máximo mis visitas a Lima hasta que al final me gradué de reflexólogo, lo cual era el final y comienzo de un momento importante en mi vida.

Una técnica como la reflexología requiere esencialmente de práctica y eso fue lo que hice los años posteriores, pues introduje la reflexología en mi vida personal y laboral. En el año 2002 trabajaba como psicólogo en Takiwasi en la selva de San Martin, un centro especializado en el tratamiento de toxicodependencia mediante la medicina tradicional amazónica. La propuesta de incorporar el tratamiento reflexológico a los pacientes del centro fue aceptada sin duda alguna y de igual modo, abrí un espacio en mi consulta privada para atender a la gente de la localidad (Tarapoto). Como la técnica no era conocida en un inicio, tuve que ofrecer charlas, demostraciones y campañas sociales, logrando así sensibilizar a mucha gente que luego acudió a mi consulta privada. En los cuatro años que realicé terapias con los pies en esa ciudad, atendí unas doscientas personas, realizando un seguimiento casuístico pertinente. Con el paso del tiempo un grupo de amigos me animó a organizar un primer curso de reflexología, que desarrollé con mucho éxito, logrando que la técnica se expandiese dentro del rubro de las medicinas alternativas en esa ciudad.

Tengo el recuerdo de innumerables experiencias en esos años de práctica, pero hay un par de episodios en particular que narro cada vez que hablo con mis alumnos sobre procesos de curación natural acelerada. Resulta que en una ocasión realizaba una campaña reflexológica al interior de la Farmacia La Inmaculada, en el centro de la ciudad, era un espacio que la dueña me había cedido para promocionar algunos productos para el masaje de pies. Mucha gente vino a la campaña, pero a cada paciente debía solo dedicarme quince minutos, un tiempo muy corto que finalmente sería solo demostrativo. En una ocasión recibí a Pablo un señor sordo como de 60 años acompañado de su esposa, la cual hacía la parte de intérprete. Cuando traté de preguntarle algo a Pablo no me respondía y era obvio que padecía de una hipoacusia marcada. Al comenzar la terapia pensé en lo que podía hacer en quince minutos con ese señor sordo, muchas cosas pasaron dentro de mi cabeza, pero un pensamiento particular me decía que debía activar la fuerza del agua en su cuerpo, es decir el “riñón”, puesto que dentro de la medicina china el cuerpo era un sistema interdependiente en donde los elementos influyen activamente entre sí. Ese era mi modelo de reflexoterapia, basado en la medicina tradicional china. Lo que ocurrió despues fue milagroso, pues al finalizar la sesión Pablo me escuchaba a la perfección, era algo gracioso puesto que yo le hablaba a su mujer pensando que no me escuchaba y Pablo me respondía como si no tuviera sordera. La esposa de Pablo se dio cuenta de inmediato del detalle y casi se desmaya de la alegría. Ellos quisieron ofrecerme dinero por lo sucedido pero les dije que se trataba solo de una campaña.

Esos señores hablaron a diestra y sinistra sobre lo sucedido –por ello siempre digo que los clientes son la mejor publicidad-. Cuando la campaña terminó mucha gente vino a tocarme la puerta para ser atendida. Fue así que conocí a Victor, quien antes me había llamado por teléfono para fijar una consulta. Cuando llegó a mi casa apenas podía caminar, subió las gradas con mucha dificultad y era obvio que acusaba de un enorme dolor a la cintura. Ya en la maquinita de mi cabeza tenía una lectura de lo que le pasaba sin necesidad que me diga nada. Tenía una lumbalgia muy aguda y algo de ciática. Me dijo que se estaba tratando con los mejores médicos de la ciudad y ni con la fisioterapía lograba alguna mejoría. Víctor era un joven empresario de 30 años lleno de vida y sentido del humor, pero el dolor lo incapacitaba, fue por ello que me hizo recordar cuando yo mismo pasaba por similar experiencia. Le dediqué una hora y media de sesión y le dije de continuar al día siguiente. Fue así que lo esperé en la puerta de mi casa a la hora fijada y Víctor vino rasante con su moto de 250 cc. estacionando su moto con gran agilidad. Me causó mucha impresión verlo mejorado de un día para otro, y él estaba muy agradecido y feliz. Desde entonces me recomendó a mucha gente y de igual modo a dar charlas en el gimnasio de su propiedad.

Estas dos experiencias son parte del bagaje de curaciones reflexológicas que yo llamo “milagrosas”. Por los años de experiencia que llevo practicando esta terapia no creo que haya un secreto en particular, pero si un objetivo primordial, pues se trata de ver la parte humana antes que la enfermedad y activar los propios centros de curación de un “cuerpo-mente” que funciona como sistema, en donde todo es importante y se deben considerar aquellos detalles que a veces pasan inadvertidos. El método que practico con la medicina china tiene una dinámica holística, en donde la idea central en lograr la autocuración a partir de potenciar energéticamente hablando los órganos y sistemas reflejos localizados en los pies, que van a influir en el “cuerpo-mente” en su totalidad. Si hay un truco es precisamente eso, de activar aquellos elementos que a su vez van a ayudar a que el organismo recupere su equilibrio deseado. Como cualquier otra terapia alternativa el objetivo central es lograr el bienestar del cliente, algo que la reflexología cumple a cabalidad. La reflexoterapia es y será para mí una terapia bajo la manga, una terapia milagrosa al alcance de todos que bien vale la pena probar.

Fuente: http://www.takiruna.com

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