El colibrí y la flor (Cuento)

colibriEL COLIBRÍ Y LA FLOR

Por Arnaldo Quispe

Esta es una de las tantas historias de colibrís en el escenario silvestre andino. Esta trata de Muru Muru y de como encontró su flor predilecta llamada Kantu, ella sería su flor soberana y compañera por el resto de sus días.

Muru Muru iniciaba su jornada deleitándose con el néctar sagrado de las flores, pero una mañana de primavera quedó rendido de una manera extraña ante una flor silvestre de Kantu, cuyo néctar nunca antes había bebido. También la flor entendió el mensaje de deleite del afamado colibrí y toda vez que Muru Muru llegaba le otorgaba del mejor néctar de la madre tierra. El colibrí y su flor desarrollaron una forma de romance pasional en medio de la naturaleza silvestre andina, por un lado el colibrí nutría su hambre con los manjares de su flor, y esta muy receptiva era feliz de polinizarse gracias a la ayuda de su elegido colibrí. Era una forma de amor recíproco del cual ambos se deleitaban cada uno conservando sus roles esenciales.

Una semana previa a la llegada del invierno el colibrí no encontró más a su sagrada flor, ella había desaparecido de la faz de la tierra, Muru Muru pasó horas buscándola y al no dar con ella por el resto del día, sintió un golpe muy duro en su corazón. Cuando el frío del invierno llegó trajo consigo mucha tristeza y soledad al desventurado colibrí que no lograba explicarse el motivo de la desaparición de su amada. Tal vez pensaría por ejemplo que el invierno o una dura helada habían provocado la trágica pérdida, pero lo cierto es que esta amarga situación casi lo condujo a la muerte, pues ninguna otra flor saciaría el amor que sentía por Kantu, su flor soberana.

Cuando el jefe sabio del clan de los colibrís de pecho gris fue alertado de la agonía de Muru Muru, fue de inmediato en su ayuda, y al verlo moribundo de tristeza logró rescatarlo y hacerlo entrar de nuevo en consciencia. El colibrí sabio le dijo que muchas flores emergen en primavera y desaparecen al final del otoño, pero algunas flores como las de Kantu son especiales porque florecen todo el año y son manjares para los clanes de colibrís andinos. Estas flores -le explicó- no dependen del cambio de las estaciones, pero que sin embargo a veces desaparecen de la faz de la tierra para recargarse y recobrar su energía, es un tiempo de reciclaje necesario para dar a luz nuevos néctares. Finalmente le dijo que su flor tenía la fuerza de la montaña, pero era a la vez tan frágil que Wayra el viento podría arrancarla hasta hacerla desparecer por un tiempo.

Muru Muru entendió que debía tener fé en que su amada regresaría, esa nueva sensación de optimismo le curó su pena y luego de agradecer a su jefe sabio emprendió su largo peregrinaje hacia el norte, pues en su corazón comenzó a recobrar la confianza de que a su regreso reencontraría a su flor de Kantu, en el mismo lugar que la había visto la primera vez. Así sucedió. Cuando Muru Muru regresó de su retiro espiritual encontró que su flor le estaba esperando para ofrecerle los mejores manjares de la madre tierra. Desde entonces ambos fueron dichosos el uno con el otro por el amor recíproco que se ofrendaban cada mañana.

Fuente: www.takiruna.com

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