El ayaymama – cuento

EL AYAYMAMA

Autor: Arnaldo Quispe

Esta es la historia de dos hermanitos muy pequeños de una familia típica de la selva, que envueltos por la curiosidad planifican seguir a sus padres, a fin de darles una sorpresa. Los padres siempre responsables y trabajadores, muy de madrugada tenían que internarse en las profundidades del bósque tropical para cazar y recolectar frutos, no sin antes dejar provisiones para sus hijos, quienes quedaban bajo el cuidado de la hermana mayor, pues eran tres los hermanos en total. Aprovechando que esta dormía como un tronco, deciden emprender la marcha. Muy confiados que el camino al borde de una ribera era el correcto, avanzan por horas deteniéndose solo a jugar con mariposas que agrupadas y detenidas en la tierra húmeda, parecían colorear tapices azules, verdes y amarillos sobre el camino.

Cuando la barriga comienza a sonar por hambre y con la sensación de sentirse perdidos en medio del bósque, deciden regresar. Luego de horas de caminata encuentran más y más vegetación, pues sin mayor orientación, la selva parecía un laberinto. Comienzan a llorar por el miedo de no saber a dónde ir y la desesperanza de no ver más a los suyos. Todo a su alrededor era vegetación, con árboles gigantes que muchas veces cubrían los rayos del sol, que con dificultad ingresaban a las partes más bajas. El pánico se apoderó de ellos, corren y gritan pidiendo ayuda, pero en medio de la jungla solo el cantar de algunos pájaros e insectos parecen responder a sus demandas. Algunos sonidos singulares de aves comenzan a aterrorizarlos, hasta parecía que el enmarañado bósque cobraba vida y que las ramas de los árboles cobraban aspectos siniestros y pretendían cogerlos. Cada cosa a su alrededor solo les ocasionaba más terror.

El espíritu de la madre del bósque apenada por la situación de los niños decide enviarles algo de comer.  Por lo que al rato se percatan que hormigas comestibles salen a su encuentro. Luego que el hambre se ha saciado, deciden descansar más tranquilos bajo la protección de un árbol de huayruros. Cuando la tarde comienza a abrir paso al ocaso y la oscuridad comienza a cubrir la densa vegetación, los niños lloran nuevamente reclamando esta vez la presencia de su madre, repitiendo desconsoladamente: “ay ay mama, ay ay mama, dónde estas”. El espíritu de la selva al ver que el llanto de los niños entristece las plantas, decide convertirlos en aves a fin que pudiesen salir y regresar a casa alzando vuelo. Al llegar a casa, por desgracia encuentran que su madre había muerto por la impresión de no encontrar a sus hijos en ninguna parte. Luego, las aves emprenderían vuelo perdiéndose en dirección de la selva y desde entonces cantarían melancólicamente: “ay ay mama, ay ay mama”. En adelante el desconsuelo y la pena de la pérdida sería inagotable en sus cantos.

Los pobladores de la selva asocian los cantos de esas aves, con los niños desaparecidos en medio del bósque tropical y la melancolía por la pérdida de la madre. Por ello, el mensaje del canto de esas aves les recuerdan que deben regresar a casa temprano y velar por la salud de la madre hasta el final de sus días. Las aves que dicho sea de paso repiten ese canto, se llamarían en adelante pájaros “Ayaymama”.

Fuente: http://www.takiruna.com

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