Ceremonia ritual de la Yawarpanga

La ceremonia ritual de la Yawar panga constituye un acto curanderil específico de la Selva Alta del Perú, destinado a operar una limpieza profunda del organismo de los participantes.

La Yawar panga es una planta que resulta muy útil en el tratamiento de todo tipo de intoxicación, particularmente en la primera fase del tratamiento de la adicción a drogas. La rehabilitación de toxicómanos, de acuerdo a la metodología que empleamos, requiere de un tiempo mínimo de seis meses en el cual el uso de la Yawar panga es máximo en la primera semana del tratamiento, pues sus propiedades eméticas lo convierten en un excelente medio de depuración. Permite especialmente desactivar en el toxicómano el síndrome de abstinencia, tanto en sus aspectos físicos como psíquicos (especialmente la angustia). Facilita además el inicio del tratamiento ya que el interesado siente inmediatamente que “la medicina es más fuerte que la droga”. El alivio es tan palpable que fortalece la motivación del sujeto a seguir adelante.

Este primer paso permite luego una intervención más eficiente de otros preparados vegetales así mejor asimilados con esa limpieza previa. Cabe destacar que en el protocolo terapéutico de la drogadicción, todos estos remedios se asocian a otras técnicas de psicología contemporánea, de  trabajo energético, de ergoterapia, etc. También, otros pacientes pueden participar de la ceremonia ritual de la Yawar Panga con el fin de proceder a una desintoxicación general de su organismo. Por ejemplo por un excesivo consumo de alcohol; luego de haber asimilado muchos medicamentos durante un tratamiento farmacológico convencional; después de una fase de stress intenso o de un período de fiestas donde hay sobre ingestión de alimentos pesados; etc.

El nombre de Yawar Panga está constituido por dos palabras quechuas que significan hoja de sangre y la planta se denomina así porque al cortar su hoja, ésta derrama un líquido rojo. En Loreto se la llama también Shihuango Sacha. La Yawar Panga es una enredadera que pertenece a la familia de las cucurbitáceas; de las hojas de esta planta se extrae el jugo, que se da a beber fresco, sin más preparación, a los pacientes. Para los drogadictos se prescribe en dos oportunidades: una al momento de ingresar al  Centro Takiwasi y la otra durante el transcurso de la primera semana de tratamiento.

Cabe mencionar que esta planta dentro del contexto de investigación bioquímica todavía no está plenamente descifrada, pero su uso se inspira en un antiquísimo saber tradicional. Los primeros estudios que desarrollamos han permitido el aislamiento en solventes apolares de varias sustancias similares a la ricinina y al ácido ricinoleico (cucurbitacina ?) que podrían ser responsables de la actividad purgativa drástica. También se encontraron presencia de lípidos y carotenoides.

La Yawar Panga no se administra como un preparado cualquiera. La eficiencia de sus cualidades naturales se potencializa en un entorno especial de carácter ritual. Lógicamente éste requiere la preparación de los pacientes a quienes se les explica de antemano que se trata de una planta vomitiva y lo importante que es la actitud respetuosa que asumen en la ceremonia. Se les anticipa también que tienen que tomar abundante agua para que el efecto emético se produzca en las mejores condiciones, que la limpieza sea eficaz y que el proceso no sea demasiado largo e inútilmente penoso. En efecto, mayor es el tiempo y más pesada la purgación cuando se ingiere poca agua en cantidad insuficiente.

Para facilitar la asimilación de la Yawar Panga y su eliminación ulterior, se puede sugerir a los pacientes de proceder previamente a domicilio a una purga liviana. El día anterior pueden tomar en ayunas el agua de dos cocos al cual se añade un frasco mediano de leche de magnesia y una bolsita de sal de frutas.

La ceremonia de la  Yawar Panga es dirigida por un curandero o por un  terapeuta que ha seguido un proceso de iniciación. Da a cada paciente aproximadamente una cucharada del jugo de Yawar panga. Una vez ingerida la planta que no presenta un sabor desagradable, los pacientes esperan diez minutos antes de empezar a tomar abundante agua. Ingieren el agua y viene el vómito. Nuevamente el paciente empieza a ingerir agua, retornará el vómito y así sucesivamente por un lapso promedio de dos horas. En ese transcurso el paciente ha bebido aproximadamente seis litros de agua. Pese a su aparatosidad el vómito no es doloroso, sobreviene con naturalidad.

Al término de la ceremonia se toman medidas para suspender el efecto vomitivo si ello no ocurre naturalmente. Una forma muy sencilla es administrar un poco de té de canela con azúcar. El azúcar corta la acción de las plantas depurativas y particularmente de la plantas de sabor amargo.

Los efectos secundarios observados en los pacientes durante la ceremonia no son siempre iguales pero evocan reacciones de tipo vagal como pesadez en la cabeza, frío o baja de presión, tembladera, embriaguez, mareos, sensación de debilidad, sentimientos depresivos, sueño. Se nota también un aumento de sensibilidad a la luz por lo que se desarrolla la ceremonia dentro de una semi oscuridad. Todos estos síntomas son pasajeros y desaparecen al final de la ceremonia. Es más, al siguiente día de la ceremonia se aprecia una placentera sensación de alivio, un esclarecimiento de ideas y lucidez mental agradable, el cuerpo está más tranquilo y el semblante luminoso, relajado. Los siguientes días la acción de la planta se potencializa con dietas alimenticias, bajas de grasa, sin azúcar, sin condimentos, sin ají, etc.

Vale subrayar que a la evacuación vomitiva se puede asociar eliminaciones por otras vías naturales: evacuación diarréica, hipersalivación, sudor intenso, orina cargada, aliento fuerte.

La toxicidad de la Yawar Panga manejada en forma controlada se vuelve curativa. Según nuestra experiencia, ningún sujeto, ni con  “estómago duro”, se resistió a la yawar panga : todos vomitaron. Una dosis excesiva podría tener consecuencias peligrosas. Sin embargo, con un manejo adecuado, se puede dar también a los niños a partir de los 10 años de edad : la exigencia de tomar abundante agua requiere un mínimo de participación voluntaria y comprensión del paciente. Por precaución se considera contra-indicado dar este preparado a las mujeres embarazadas, los pacientes con alteraciones metabólicas serias (diabetes por ejemplo), las personas con un organismo demasiado debilitado (insuficiencia cardíaca por ejemplo).

El curandero dirige la ceremonia mediante cantos shamánicos llamados “icaros”. Desde el inicio, el maestro “carga” el preparado vegetal con sus icaros y soplos de humo de tabaco negro. Una vez que el curandero ha “convidado” el jugo de esta planta a los pacientes, sobreviene un trabajo que dura aproximadamente dos horas. El curandero canta e invoca fuerzas benéficas al tratamiento. Los icaros pertenecen a aquellos curanderos que han ingerido  plantas psicotrópicas  y han modificados  su estado su estado normal de conciencia para así  poder captar directamente de las plantas a través de sueños y visiones. Este proceso de iniciación es largo, penoso y exigente: sigue reglas precisas y rigurosas  (control de la alimentación, de la sexualidad, del sueño, etc).

Los icaros o los cantos sagrados juegan un rol muy  importante durante la sesión curativa, son como el timón de una embarcación mediante los cuales el curandero guía la ceremonia.

Sacudiendo rítmicamente la shacapa (manojo de ramas secas), el terapeuta entona los icaros para movilizar las energías individuales y colectivas en juego y potencializar el efecto del brebaje. Diversas otras técnicas se emplean durante la sesión de  Yawar panga con el mismo fin: sopladas de alcanfor, agua florida, masajes. En algunos casos  se pide al paciente ejecutar ciertos movimientos y ejercicios de respiración  destinados a facilitar la expulsión  de los tóxicos. Al inicio y al final de la ceremonia, previa icarada, el curandero sopla al paciente en diferentes partes de su cuerpo: corona, espalda, pecho y manos.

La soplada actúa como un sutil reestrablecedor energético, hecho  que se puede captar o entender mejor cuando uno lo percibe bajo modificación de su estado de conciencia, con sensibilidad acrecentada.

La función del vómito y eliminaciones anexas es purificar. Cuando una persona vomita no solo devuelve el agua y el tóxico ingerido a un nivel físico. También a un nivel emocional se libera de sus bloqueos, de elementos psico-afectivos guardados o reprimidos que la molestan y la afectan de manera inconsciente. La hacen a veces pensar y actuar en forma inadecuada aún  en contra de su propia  voluntad. Se eliminan juntas las impurezas del cuerpo-mente.

A nivel psicológico, el vómito supone una apertura voluntaria del sujeto para “devolver” y la aceptación de encarar “el mal” que esta adentro de si mismo. A diferencia de la evacuación anal  vinculada a conotaciones sádicas y dominadoras, la eliminación oral supone humildad, sumisión con confianza hacia el terapeuta. En sí, señala  y manifiesta el deseo de “agachar la cabeza” y liberarse de los “diablitos” que uno tiene adentro. El paciente decide “devolver” lo que ha sido incorrectamente ingerido, los alimentos físicos, mentales y espirituales que tragó sin tener la capacidad de digerirlos, metabolizarlos. Con la purificación de la boca es el verbo que se purifica, la palabra y por ende los pensamientos.

Tradicionalmente en el curanderismo, la eliminación oral es también la oportunidad de extraer un “daño hecho por la boca”. Se considera que es posible perturbar emocionalmente a un individuo haciéndole   ingerir a escondidas un brebaje preparado para tales fines. En la hechicería se conocen múltiples sustancias nocivas (sangre mestrual o tierra de cementerio por ejemplo) que se pueden introducir subrepticiamente en la  bebida de la víctima. La perturbación  “energética” provocada por la presencia de tal tóxico entraña efectos a nivel físico, psíquico y comportamental.

La purificación se ejerce entonces a un nivel físico, a un nivel psíquico y también a un nivel espiritual.

Igualmente, en la drogadicción, el vómito cumple una función terapéutica  a estos tres niveles: elimina la droga como sustancia tóxica pero también calma las emociones y abre a la reconexión a la dimensión espiritual. Este reordenamiento energético permite al sujeto recobrar valores fundamentales, conseguir mayor lucidez sobre su situación real y fortalecer su motivación para seguir el tratamiento. Observadores exteriores, por lo  espectacular de la emesis, creen a menudo que este tipo de tratamiento constituye una suerte de castigo destinado a desanimar al drogadicto de volver a la droga. Se trata  más bien de una limpieza necesaria y a veces difícil pero finalmente tan apreciada por  los pacientes que muchos de ellos, cuando pasan por una crisis o se sienten mal, solicitan espontáneamente una sesión de yawar panga.

Vale subrayar que  la efectividad del ritual se hace evidente en el tratamiento con la yawar panga. La experiencia nos  enseñó que cuando un terapeuta no iniciado da el preparado, los efectos eméticos demoran en manifestarse (después de una hora o más al  lugar de 10 a 15 minutos habituales) y no alcanzan la eficacia que se consigue en el marco  ritual. Las sesiones tienden a durar mucho tiempo, con el agotamiento consecutivo del paciente, y a veces los vómitos no cesan, creándose un reflejo emético inoportuno, doloroso, con evacuación de bilis.

La limpieza suscitada en la ceremonia de la Yawar Panga permite la introducción consecutiva  de otras plantas-maestras que utilizamos  con los adictos internados en el Centro Takiwasi. El adicto empieza así un camino de recuperación que constituye a la vez su propia iniciación, la cual está destinada a revertir la contra-iniciación emprendida imprudentemente con las sustancias adictivas.

Artículo elaborado por:

– Rony RENGIFO YON, Terapeuta del Centro TAKIWASI, Tarapoto, Perú.

– Jacques M. MABIT, Médico responsable del Centro TAKIWASI.

– Julio ARCE HIDALGO, Profesor de Ingeniería Química de la UNAP (Iquitos) e investigador en  fitoquímica del Centro TAKIWASI.

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