Leyendas urbanas del Cuzco – relato

bricherosLEYENDAS URBANAS DEL CUZCO

Por Arnaldo Quispe

— Parte 1 —

María me dijo que llevaba cinco años de psicoterapia, cuyos resultados saltaban a la vista ya que podía trabajar y desempeñar su rol de psicoterapeuta con normalidad. Pero tenía ciclos de depresión y ansiedad que de alguna manera la empujaban a encontrar la cura realizando sexo de modo discreto. Con el tiempo, gracias a la psicoterapia y los fármacos, había logrado controlar muchos de esos excesos, pero admitía no estar curada al ciento por ciento, pues sino fuera por el sistema de autocontrol a la que estaba sometida, encontraría de inmediato una válvula de escape a modo de excusa para acostarse con algún sujeto de la red de amigos sexuales que había conocido por medio del internet. –“Ellos siempre están dispuestos a sacar los pies del plato, algunos son casados y otros no quieren una relación estable. Hay en mi lista inclusive aquellos que se declaran adictos al sexo”. –“Yo creo que me acuesto con ellos para complacerlos, creo que he seguido ese mismo mecanismo que he desarrollado cuando tuve mis experiencias con Juan en el Cuzco, siempre que hago sexo, lo hago para dar consuelo y cariño. Sin embargo en el fondo ningún hombre me toma en serio y ven en mí solo un pedazo de carne al cual deben devorar”.

La sesión estaba por terminar, le dije que cuando regrese por Barcelona le avisaría, además que deberíamos tener correspondencia electrónica y de vez en cuando yo la llamaría al teléfono para preguntarle cómo le va. A pesar que insistió en pagarme más de la cuenta, solo acepté lo que previamente habíamos acordado. Agarré mis cosas y antes de despedirme de dí un fuerte abrazo que duró cerca de dos minutos. Ella me agradeció por haberle devuelto una luz de esperanza en la senda masculina y un modo de trabajo chamánico que difícilmente habría de aceptar sin antes estar segura de la hoja de vida del chamán. -“Yo le dije que solo soy un ayudante, un guía que usa el chamanismo como vía de curación. No me dedico a tiempo completo porque hay otras prioridades, pero cuando debo atender, atiendo y punto”.

Luego de cinco meses de mi última visita a Barcelona, ella ya comenzaba a referirme por email que su vida había dado un enorme vuelco, que algunas cosas comenzaron a tener sentido desde la última sesión chamánica. De repente ya no se sentía impulsada a salir o a buscar a sus amigos sexuales. Es más, había conocido a un chico un poco más joven que ella, pero que desde hace mucho tiempo nadie la había hecho sentir femenina, valorada y atendida. De alguna manera había logrado establecer una relación de pareja y tenía ilusiones y proyectos de viaje con su nuevo novio. Sin embargo, aún a pesar de su aparente mejoría debía continuar tomando los fármacos ansiolíticos prescritos para sus episodios de ansiedad. Pero por lo menos, ya se encontraba en un nuevo programa de desintoxicación pues su propio psiquiatra estaba de acuerdo que había logrado estabilizar su comportamiento y las pastillas ya no tendrían sentido. Aquellas dolorosos ciclos menstruales habían reducido en un gran márgen, hasta ya pasar desapercibidos. En fin las cosas comenzaron a encajar en la vida de María y en el fondo la noticia me causaba felicidad.

Quiero terminar con una anécdota de lo que sucedió en la sesión chamánica, pues me enteré por la boca de ella misma que tenía un colibrí tallado en madera que lo conservaba en su cuarto y que era un regalo de Juan “el brichero”. Ella pensó hasta cierto punto que yo había entrado en su habitación y había cogido su colibrí, pero no fue así. Cuando le recordé que en mi visión mi abuelo Ricardo extrajo un colibrí de madera de su alforja, le dije que ese regalo era el puente energético nocivo, que unía –a pesar de los años- a María con su pasado tormentoso y que inclusive el regalo había sido premeditado, pues se trataba de un colibrí cautivo utilizado para propósitos malignos y que obviamente merecía la libertad. Los colibrís raramente son objeto de la brujería o de conjuros, pero cuando se captura el espíritu del colibrí y se utliza para fines no muy sanos, este elemento genera mucha ansiedad en la persona, porque la naturaleza de esta avecilla es la de agitar las alas a gran velocidad y buscar el néctar de manera permanente e insaciable. De alguna manera María entendió que el colibrí que se había hecho presente en mi visión y que cobró vida, era un espíritu que se liberaba del tormento del cual había sido objeto. De modo tal que aunque parezca extraño la desaparición de la estatuilla en su cuarto son enigmas que solo pueden resolverse cuando uno se adentra en los misterios luminosos de la vida espiritual.

— Parte 2 —

cuzco bricherosLa intención de María era la de someterse a un tratamiento chamánico, y me había elegido para tal propósito. Me dijo que no había participado en el seminario no porque no pudiera, sino que esperaba de mí un tipo de trabajo más privado. Lo primero que le dije era que disponía de poco tiempo, pues dentro de dos días debía abordar el avión que me portaría de regreso a casa. Le dije que su caso me había conmovido y que podía hacer algo por ella siempre y cuando aceptase sin vacilar las condiciones que le solicitaría. Esa sesión en su consultorio duró como tres horas, dentro de las cuales exploré el cuerpo energético en su integridad pues esa era la instancia que merecía mayor atención según mi capacidad intuitiva. Luego de lo cual pude corroborar que ciertas instancias energéticas se encontraban aún presentes rodeando su cuerpo físico e influyendo en su vida en general. Estos parásitos energéticos se habrían materializado en forma de pequeños cristales tóxicos invisibles al ojo humano e impulsarían una función dañina provocando dolor y ciclos menstruales profusos e irregulares. Convenimos en que el tratamiento del día siguiente se realizaría esta vez en su propia casa. El motivo por el que le pedí realizar la mesa o mesada (sesión en su casa) era porque era lógico que debía tratarse el problema en una atmósfera mucho más íntima y segura para ella.

Esa misma noche, ya en la casa de mi amigo Fernando, -un colega psicólogo barcelonés, quién gentilmente me concedió una habitación para dormir en esa metrópoli- comencé a realizar los preparativos, dejando listo todo los materiales que debía usar. Es más, debía convocar con anticipación a ciertas instancias protectoras y auxiliares a fin que las cosas resulten en el momento justo. Por suerte, mis amigos de la luz no tardaron en llegar, aún a pesar de los miles de kilómetros de distancia. Ellos me aseguraron darme una mano con aquello que resulte, pues era de esperar que un espíritu no muy correcto era el causante desde un inicio del núcleo de malestar que afrontaba María. Consulté en mis sueños con mis Apus para tener una idea de que estaría pasando en el fondo de todo, ellos me dijeron que era la parte maligna de un Apu que había capturado el alma de María y que lo tenía cautivo por razones de venganza. Pues vaya sueño, fue importante porque me estaba dando de antemano una pista del contexto de la situación.

El tratamiento consistía en escenificar un ritual chamánico tal y como lo había estado practicando en los últimos años, tenía que limpiar el escenario de su casa en primer lugar, realizar el permiso pertinente a la pachamama (madre tierra), pues sin su consentimiento no podría comenzar. Este llegó con un aviso anecdótico, pues ya estando en el departamento de María sentimos que alguien tocaba el timbre del intercomunicador. Como ella dijo que no esperaba a nadie, en el intercomunicador no respondió nadie. Pudiera ser casualidad que algún repartidor de cartas o volantes haya tocado el tímbre, pero lo cierto es que tuve la corazonada que alguna entidad convocada por mi persona acababa de llegar, de modo tal que me acerqué a la puerta y la abrí como para simbolizar que esa entidad no visible se había hecho ya presente en la sala de la casa de María. Luego de limpiar cada rincón de su casa con palo santo y tabaco, me dispuse a limpiarla a ella con un baño de flóres en su propia bañera, para lo cual le pedí que se desnudara, el baño tenía que hacerlo rociando el agua muy lentamente por sobre su cuerpo, de modo tal que el efecto purificador del agua llegase a todos sus campos de energía. Hubo un suceso que nos puso a prueba a ambos, cuando le pedí bañarla ella me preguntó: “¿luego haremos sexo?”. Yo pase por alto su pregunta, pero mirándole a los ojos le dije que ella había roto la “confianza básica” con su parte masculina, eso había producido que el equilibrio con su parte femenina se rompa, se sobrecargase y que finalmente actuara con desenfreno. El hecho de estar desnuda y encontrar un hombre en su bañera observándola en esas circunstancias, hizo que perdiera la noción del momento. Yo le dije claramente: -“En mi vas a encontrar la representación de un curandero, de un hombre que no te pretende, yo quiero ayudarte y permíteme hacerlo de la mejor manera”. Según ella era la primera vez en su vida que tenía en frente a un hombre muy cerca, estando completamente desnuda y sin practicar sexo.

Luego de secarse y que se vistiera con ropa cómoda le pedí que nos acomodaramos en la alfombra de su sala, pues en adelante el ritual de curación se realizaría precisamente allí. Le expliqué lo que podía pasar y que permaneciera en el lugar hasta haber culminado la sesión. Canté, recé, convoque a mis espíritus aliados, realicé los pasos necesarios para conectarme con la fuente y alcanzar la visión de la otra realidad. Este proceso llegó en el momento en que debía llegar y fue cuando ingresé en el océano espiritual para encontrar respuestas a la problemática en cuestión. En mi visión tuve la sensación de haber cruzado montañas, precipicios, bósques, ciudades y ver gente y animales del bósque profundo. De alguna forma, llegué a un cerro que tenía una puerta en frente de mí, como la puerta estaba abierta y todo hacía indicar que debía entrar en ese cerro, me dí con la sorpresa que un ser luminoso estaba esperándome en medio de la única habitación, sentado en el piso, con objetos extraños detrás de él, pero sobre todo con un séquito de mujeres boa que le sobaban permanentemente el cuerpo. Años atrás una de mis maestras chamanas de la Amazonía me dijo que en esas circunstancias no hay que dudar, es más hay que mirar fijo a la entidad y ser directo en nuestros pedidos. Antes de que pudiera hablar noté en mi visión que por las puertas laterales de la habitación hacían su llegada mis espíritus aliados, como para darme una mano en mi pedido y garantizar que las cosas caminen pacíficamente. Por la puerta derecha ingresó el espíritu de mi abuelo Paqo Ricardo acompañado de un puma y un gran cóndor, uno a cada lado, tenía un porte de indio corpulento y desafiante, con una mirada fuerte y penetrante. Por la otra puerta, llegó el espíritu de uno de mis maestros ayahuasqueros, de los más viejos, don Cristobal, pues a pesar de su aparente imagen de anciano vetusto tenía el vigor de un jaguar, llegó fumando sus mapachos negros, me saludo y me dijo: -“Acá estoy cholo para ayudar”.

Este espíritu posesivo era nada menos que la parte oscura de un Apu, de una montaña sagrada que actuaba por su cuerta y tenía una actitud agresiva con los extraños. Luego supe que sobre las faldas de sus cerros se habían erigido algunos centros mineros y que habían sido enterrados numerosos indios desde la época de la conquista y el coloniaje gracias a la política de la mita forzada. Su comportamiento de capturar las almas de las “gringas” se debía a una forma de cobrarse la revancha por tanto derramamiento de sangre y la profanación y extracción de su cuerpo: los minerales. Lo cierto es que de estar sentado se paró enfrente de mí y me preguntó: -¿Qué quieres?. Yo le respondí: -“Te exijo que dejes libre a mi amiga María, ella ahora está bajo mi tutela”. –“Ahh, quieres llevarte a esa perra”. Cuando la situación se estaba poniendo tensa, mi abuelo habló y dijo: “Oye cojudo te he traido tu propio hechizo y además un carnero para sacrificar, cuando dijo esto sacó un colibrí de madera en su alforja. Este cobró vida y se fue volando hasta ser alcanzado por una de las serpientes del Apu que lo engulló de un rápido bocado. El Apu aceptó las ofrendas, se giró y una de sus boas le alcanzó una botella minúscula  de color marrón, para luego decir: -“Llévate a esa puta, ya no la quiero”. El viejo Cristobal agarró el frasco y lo tiró contra el piso, para luego aplastar su contenido. Luego mis espíritus auxiliares esperaron que saliese de las entrañas del cerro. En el momento en que crucé la puerta noté que me encontraba de nuevo en la sala de María, pues ella pedía ayuda y lloraba desconsoladamente, acusaba frío, por lo cual tuve que cubrirla con algunas mantas, luego la abracé para calmar su angustia. Me dijo que había sentido un gran dolor en su abdomen y en su bajo vientre, como si hubiera tenido un agudo dolor de parto, que hizo que se le bajara la presión y sintiera frío. Le preparé un té relajante que hizo que se sintiera mejor. En lo que restaba de la sesión le canté y realicé ejercicios manuales como para hilvanar y restituir sus canales energéticos. Tuve que trabajar bastante para remover aquellos residuos que se asemejaban a bichos deformes alojados en su chacra sexual y solar. Cuando parecía que ya había logrado un punto culminante en ella, nuevamente se liberó a modo de catarsis con un sonoro llanto, con gran desconsuelo, como si hubiera perdido a un ser muy muy querido. Dejé que se desahogara. Luego que cerré y activé sus centros energéticos con el poqpo, la bola energética, era cuando había dado por cerrada el ritual de sanación.

Yo le expliqué la visión que tuve, no sin antes decirle que eran aspectos subjetivos míos que no necesariamente tendrían que ser tomados en cuenta, pero que podrían tener alguna correspondencia en su experiencia de vida. Por ello, restaba platicar sobre como integrar estos elementos en su vida cotidiana e inclusive como exteriorizar aquellas experiencias semejantes al parto y el dolor de las que había sido objeto. –“Tuve la sensación que algo saliera de mi vagina, como si diera a luz, a pesar que no he tenido esa experiencia femenina, pude comprender que algo no muy benigno se extraía de mi cuerpo con semejantes contracciones”.  Yo le dije que los bricheros, consultan y utilizan artilugios para endulzar a las jovenes turistas, en ese intento por capturar la atención de una bella jóven por ejemplo emplean lo que en nuestro contexto se conoce como “amarre”, haciendo uso de puzangas o hechizos con olor o líquidos previamente preparados por brujos malintencionados. Aunque parezca absurdo estos personajes se vuelven instrumentos de instancias más poderosas, y hasta vengativas como era el caso del Apu que protestaba por la extracción minera y las almas de los indios enterrados en sus faldas. Cuando ya las gringas se encuentran a su merced utilizan algunos elementos de brujería para completar el encierro del alma de la víctima logrando en el mejor de los casos una suerte de exclavitud sexual y material. Por increíble que parezca a muchas mujeres extranjeras no les llama la atención estas argucias, de modo que las pasan por alto y son conscientes que se trata de algo lúdico y hasta místico. Es decir, confunden ingenuamente fascinación con misticismo, sexualidad con amor, entrega con solidaridad, con estos valores trastocados se desarrolla una conducta compulsiva de dependencia que tiene un componente energético muy fuerte y que es precisamente la parte que se debe abordar a fin de alcanzar una posibilidad de cura real y voluntaria.

Fuente: http://www.takiruna.com

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