Tras las huellas del Taki Oncoy

Por Arnaldo Quispe

Literalmente en quechua Taki Oncoy o Taki Unquy, se traduce como “enfermedad del canto”. El sentido de esta manifestación indígena obedece a un sentimiento espontáneo de resistencia e insurgencia política, cultural y espiritual, en frente de la inminente colonización española. Este movimiento tuvo como escenario los andes peruanos, en territorios que comprenden las actuales regiones de Ayacucho, Apurímac y Cusco, en la segunda mitad del siglo XVI. El propósito era despertar a la población civil del control político hispánico que estaba sucediéndose con gran facilidad, debido entre otras cosas a que las poblaciones indígenas tenían la creencia que el hombre blanco representaba de alguna manera dioses (wiracochas) venidos de otros pueblos para ayudar y aportar bienestar al pueblo andino. No se desconfiaba en un inicio de las reales intenciones del invasor.

Este movimiento surge de alguna manera como un despertar indígena, que percibe que su mundo y cosmovisión se encuentra en grave peligro, ya que los valores, tradiciones y creencias no vienen siendo respetados por las nuevas reglas de juego. Por otra parte, cada vez se siente como inminente la hegemonía hispánica, que desde ya entraba a tallar de una manera vertical en todos los aspectos del tawantinsuyo: comenzaba a aclararse que el panorama de la conquista y la posterior colonización presentaban un carácter principalmente político, económico y religioso. El europeo recién llegado tenía en mente, a priori la idea del botín “del oro”, pues eso era lo que había venido a buscar. Luego surgió la necesidad de imponer en todas las formas posibles una civilización sobre otra, una cultura sobre otra, aplastando de inmediato todo intento de resistencia por parte del territorio conquistado.

Por extraño que parezca este proceso de control político y militar contó con el apoyo de curacazgos y rezagos de culturas locales dominadas hasta entonces por el Imperio Inca, pues era una forma de retomar el control de sus respectivos territorios con apoyo español. Hoy en día, se sabe que el conquistador fue muy inteligente en enfrentar las propias fuerzas militares del imperio, como moviendo piezas de ajedrez, muchas veces utilizando la mano del propio indígena como carne de cañón, que aseguraba dicho sea de paso que las bajas hispánicas sean mínimas. Esta habilidad de manejo hizo debilitar la organización del Tawantinsuyo, dando paso al nuevo control político-militar-religioso en manos de la corona española, con gobernadores e intendentes co-protagonistas en un inicio de la conquista.

Sobre el Taki Oncoy se sabe poco, quedan solo recuerdos e información que solo ha sabido coexistir en la memoria colectiva del poblador indígena. Cabe considerar que la historia de este movimiento fue cancelada por el clero oficial y no se exhibe en ninguna fuente histórica oficial. A nivel religioso-espiritual la inquisición española dispuso de una oficina que adquirió el nombre de “extirpación de idolatrías”, que por sobre todas las cosas impuso un proceso forzado de evangelización católica. La nueva religión debía borrar de raiz toda expresión, creencia y espiritualidad indígena hasta entonces existente y convertir a la población, por todos los medios posibles al catolicismo. Semejante a una “cacería de brujas” la inquisición realizó persecución de toda creencia “absurda” hacia la naturaleza, hacia los dioses sagrados andinos, la pachamama, las huacas y los rituales eran declarados como inapropiados y hasta demoníacos de acuerdo a la nueva ley del gran único Dios occidental. En nombre de Dios se cometieron actos barbáricos en contra de la población indígena, motivo por el cual una de las evidencias que nos muestra la historia no oficial, nos permite conocer, que de una población andina estimada -hasta la conquista- en 16 millones de habitantes, en poco más de un siglo de dominación europea, se redujo a poco menos de dos millones.

Taki Oncoy, fue un movimiento de renovación, básicamente espiritual, surgido de manera espontanea de parte del propio poblador indígena, que con la nueva ley religiosa católica estaba impedido de realizar sus ceremonias y rituales hacia sus propias deidades, apus y pagos a la pachamama. Se estima históricamente que duró alrededor de siete u ocho años, entre 1564 hasta 1572 y que tuvo su origen inicialmente en los andes ayacuchanos, con un líder indígena de apellido Chocni. Los propósitos de esta insurgencia eran principalmente: la expulsión del invasor, la lucha en contra de toda forma de coerción e injusticia, el abandono de toda práctica religiosa católica y el restablecimiento de las wacas andinas (lugares sagrados de culto). Será por esto último que el movimiento fue conocido en un inicio como “rebelión de las wacas”, pues esto representaba el llamado de los propios lugares sagrados indígenas (de las propias divinidades), a fin de restaurar el orden y la espiritualidad auténtica que estaba siendo sometida por otro modelo extranjero. En aquél entonces se creía que las wacas estaban dejando de expresar su propio canto sagrado, motivo por el cual el caos reinante –por el nuevo orden religioso- estaría degenerando en enfermedad. Por ello, cuando se habla de Taki Oncoy se habla de “enfermedad del canto”, pues se refiere al canto sagrado propio de las wacas.

Junto a los Incas de Vilcabamba (Linaje de Incas sublevados que va desde Manco Inca hasta Tupac Amaru I), este movimiento de resistencia fue considerado como peligroso e importante, por parte del conquistador que no dudó en aplastar hasta extinguir duramente a los partícipes del movimiento. El visitador español Cristobal de Albornoz tuvo como misión específica abolir todas las manifestaciones del movimiento, logrando capturar al líder indígena Chocni, para su posterior ejecución en la ciudad del Cusco. Ante estos sucesos el movimiento perdió fuerza y los demás líderes espirituales tuvieron que ocultarse y llevar a cabo sus prácticas espirituales en secreto y muchas veces formando pequeñas hermandades y linajes para conservar las creencias y prácticas religiosas hasta el día de hoy. Gracias al aporte de estos líderes espirituales indígenas (paqos) que han mantenido su anonimato hasta la actualidad, las espiritualidad andina ha sobrevivido y las prácticas se conservan intactas, tal como se ejercían desde épocas pre-Incas e Incas.

Si bien es cierto, la versión occidental prefiere emplear la palabra “sincretismo”, es decir el encuentro de dos culturas o paradigmas (modelo mesiánico de transculturización) y su correspondiente mezcla. Muy por el contrario en la versión filosófica andina, se afirma que la espiritualidad indígena se ha enriquecido con la incorporación de algunos elementos de las manifestaciones católicas, pues estas se han integrado a la cosmovisión andina. Si bien es cierto ambos paradigmas convergen y se practican en un solo escenario social, es el modelo de pensamiento del problador andino el que prevalece, que presenta como característica psicológica principal su apertura y receptividad, pues se trata de una cultura que vive en contacto con la naturaleza, que respeta y valora toda creencia que aún siendo importadas o externas, les pueda generar Allin Kawsay (bienestar andino).

SIGNIFICADO MÍSTICO

Las creencias de la pachamama y de la madre tierra no solo son vigentes hasta hoy, sino más aún los sentimientos de valoración y práctica ritual se acrecientan en las nuevas generaciones venideras. Esto hace suponer la existencia de un renovado Taki Oncoy en el colectivo andino, que intenta revalorar e incorporar toda práctica ancestral a la actualidad. La búsqueda de esta nueva espiritualidad andina está cobrando una fuerza inusitada e importante y cada vez de mayor auge. El significado actual y principal de este movimiento es su naturaleza de renovación espiritual, que trascendería toda creencia parcial existente, en donde se intentaría entre otras cosas proponer un nuevo ciclo cosmológico de vida denominado “pachacuti”. Un nuevo ciclo de expansión, mejoramiento y abundancia conocido como “pachacuti” (pachacutec), que implicaría literalmente en quechua, la expansión del conocimiento sustentado en la madre tierra y del cósmos vital andino.

Por otra parte, metafóricamente hablando recobraría importancia el no menos conocido mito de Inkarri, por medio del cual se espera que el Sapa Inca (Único Supremo Inca) recobre el poder perdido, a fin de restablecer el orden imperial que alguna vez existió en las cuatro direcciones del Tawantinsuyo. Esto último podría implicar una forma de alcanzar la iluminación por medio del modelo de espiritualidad andina, como un modelo auténtico de bienestar, que aportaría principalmente a la cultura occidental un conjunto de conocimientos y creencias basados en retomar contacto con la madre tierra y el respeto hacia la sana convivencia y todos los elementos que conforman la naturaleza esencial. Igualmente el antropólogo y místico Juan Nuñez del Prado asegura que la manifestación espiritual vigente hasta el día de hoy conocida como “Qoullur Riti”, tendría lugar como una expresión del indígena actual que estaría generando la energía necesaria para el surgimiento de un nuevo nivel de Inca del mundo superior (Inca Mallcu).

Por estas razones, seguir las huellas del Taki Oncoy es retomar el sendero que conduce a una espiritualidad sagrada andina, que pone a disposición su modelo, práctica y cosmovisión existente de una manera sensata y abierta. La idea de un Taki Oncoy actual nos permite aclarar que el sentimiento de expresión de espiritualidad andina es vigente y latente hasta el día de hoy. No es una manera fundamentalista religiosa, ni recoge matices de insurgencia política-social. Adquiere más bien un rango de espiritualidad, pues como desde en un inicio eso la caracteriza. El terreno del Taki Oncoy pasa por revalorar todos los elementos de la espiritualidad andina existentes, resultado de una historia que antecede –inclusive- al propio Imperio Inca.

Fuente: http://www.takiruna.com

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