¿Omnipotencia alternativa?

OMNIPOTENCIA ALTERNATIVA

Por Arnaldo Quispe

Las terapias alternativas constituyen el renacimiento de la salud natural mundial. Hoy por hoy miles de propuestas alternativas a la medicina oficial, surgen y se expanden a la velocidad de la luz. Los tiempos modernos nos revelan que el auge de estos nuevos paradigmas marchan en paralelo con la corriente de pensamiento de nueva era, cuyos principios se resumen en los clásicos ejemplos: “hazlo tú mismo”, “el cielo es el límite”, “todo es relativo”, “el potencial humano es infinito”, “somos uno”, etc. Millones de personas recurren al terapeuta alternativo para tratar sus dolencias y enfermedades, pues se basan en la expectativa de que todo lo natural es más recomendable y mejor aún si no deja efectos colaterales. Sin duda alguna es un mercado creciente económicamente hablando, que desde hace algunas décadas no ha pasado desapercibido y que genera ingentes ganancias a inversionistas y transnacionales de la herbolaria.

Lo natural parece ser la nueva tendencia en salud, motivo por el cual miles de nuevos terapeutas se estarían formando aceleradamente para responder a la demanda –igualmente- creciente de la población. Este desplazamiento de masas, implicaría una nueva “masa crítica” (J. Redfield, 1993), que sin lugar a dudas sería el comienzo de algo más importante, pues todo pareciera indicar que se camina hacia un renacimiento espiritual, que va má allá de las religiones, las creencias y las posturas filosóficas de pensamiento. Es el comienzo visible de una nueva generación de raza humana que busca superar sus propias barreras culturales y sociales. Esta masa crítica que no conoce fronteras físicas, tiene la apariencia de caos y omnipotencia (“todo se puede, todo se hace”). A modo de ejemplo, un terapeuta alternativo con un diploma obtenido luego de un seminario de fin de semana estará dispuesto a tratar aún a pacientes terminales o con enfermedades que la ciencia no logra curar. La actitud mental es la que cuenta según sus promotores, a lo que se llama “intención”, pues eso basta para “curar” por medio de cualquier método natural. En algunas patologías donde el médico muchas veces muestra su reserva o retiscencia, el terapeuta alternativo que desconoce la sintomatología, la diágnosis y sobre todo la etiología, responde afirmativamente al llamado, brindado esperanzas de cura inmediata. Una actitud de onmipotencia que en la mayoría de casos no linda con la sana cordura y cuyas consecuencias pueden llegar a ser catastróficas.

Son muchas las motivaciones que impulsan a la persona común a estudiar alguna terapia alternativa: como haber pasado por una experiencia de tratamiento con algún nivel de mejora, la idea práctica del trabajo inmediato (“estuda y trabaja”), la idea de una segunda opción laboral, la idea de tratar a los propios familiares, o simplemente el estar desocupado, etc. Cuando las personas sienten el deseo de introducirse en alguna terapia alternativa, luego descubrirán que no solo hay una manera natural, sino dos, tres y muchísimas más, pues es un terreno vasto de nunca acabar. Algunos terapeutas alternativos dejan de profundizar y centrarse en alguna opción y deciden en el arco de poco tiempo estudiar todo por cuanto les es posible. Algunos comienzan con masajes, reiki o reflexología y continuan con flores de bach, yoga o acupuntura y más adelante se plantearán nuevas propuestas de estudio, produciendo como consecuencia una gran dispersión vocacional. Se cree que se debe saber todo y de todo y muy pocos logran darse cuenta del error de esta creencia. Este mercado de la enseñanza hace que surjan centros holísticos a modo de castillos de arena y maestros poco sensatos sin la más mínima preparación profesional o moral.

En este boom de “masa crítica” se observa un mercado de terapias, que no se diferencia de cualquier otro mercado económico, en donde se “consume”, se compra, se vende y se alquila, que da lugar a un nuevo negocio de franquicias, de representantes exclusivos, de marcas registradas y patentes de uso, de copiosa literatura alternativa, de seminarios superacelerados y costosos, de curación y enseñanza telemática a distancia por medio de internet, etc. En fin, llegamos a un punto en donde se requiere cruzar el umbral del caos que en definitiva sería la puerta de salida/entrada hacia una auténtica armonía personal. Una línea en donde el ideal a lo natural o lo espiritual prevalezca, pero que requiere de aclarar aquello que un inicio se rechazaba: el apego material y la vida de hiperconsumo. A mi modo de ver esta etapa crítica es necesaria por que nos permite llegar a una forma de selección, de profundización, del consumo racional, por medio del cual las personas una vez que conocen las propuestas alternativas tienden en el mejor de los casos a centrarse en el estudio de un pequeño grupo de materias, renunciando a estudiar todo y de todo.

En un futuro cercano el cliente promedio solicitará acreditación por parte de su terapeuta, sumado a experiencia, conocimiento y referencias. El impacto inicial de placebo (la “pastilla” de la sugestión), la gratificación emocional veloz y el alivio inmediato perderán importancia cuando el mayor número de personas se informen lo suficiente para no aceptar cualquier método que no vaya con su manera de ser, pensar, estilo de vida o nivel cultural. Este cliente alternativo será selectivo y minucioso, exigirá calidad y resultado, como en cualquier mercado el cliente externo siempre tendrá la razón, de modo tal que el terapeuta se verá en la imperiosa necesidad de documentarse, prepararse y registrar, de profundizar e investigar más acerca de una serie de materias que en un inicio pasó por alto, como por ejemplo, la propia medicina humana, la psicología o la fisiología del cuerpo. La autocreencia de la omnipotencia perderá fuerza e importancia y se llegará a la sensatez y la deontología, pues estos principios serán clave a fin de dar el salto cualitativo esperado. No es la idea estudiar cinco a ocho años adicionales en la Universidad como lo hace un profesional, de lo que se trata es de asegurar un top de horas que garanticen el manejo y conocimiento en materias base indispensables que se relacionan directamente con la salud psicosomática.

En un futuro cercano por la creciente demanda, la opinión pública y la propia presión social se trabajará para garantizar una legislación sanitaria que permita ejercer la función de terapeuta alternativo reconocido por ley. A pesar que en nuestros países latinoamericanos la legislación en ese sentido es carente o inexistente, se prevee que en un inicio asuman algún modelo de regulación occidental que proteja y asegure servicios de calidad en materias que de alguna manera tienen relación con el cuerpo humano y la salud. En Italia por ejemplo, una persona que desee ejercer la función de terapeuta alternativo debe en un inicio poseer la escuela secundaria completa y sustentar luego tres años de estudio o no menos de mil horas repartidas en teoría-práctica, finalizando con exámenes de rigor técnico-profesional, por el cual el egresado es denominado: Operatore Bionaturale y será reconocido en toda Europa. Probablemente tres años de estudio para el promedio latinoamericano sean exagerados, pero por desgracia (o fortuna), es un paso necesario que se afrontará en el futuro, a fin de garantizar que podamos ponernos en manos de personas debidamente calificadas y con el conocimiento requerido para “tocar” nuestro cuerpo o salud.

La idea de este artículo no es la de desanimar a nadie a realizar terapias alternativas, muy por el contrario la idea es aclarar y sugerir que el terreno que se pisa tiene mucho valor e importancia, pero requiere centración y profundización. La idea es completar un conjunto de conocimientos que permita satisfacer honestamente la demanda de la gente. A modo de ejemplo final, cuando un cliente tiene necesidad de hablar, de exteriorizar sus sentimientos o confesar un problema íntimo o familiar, no podemos repirmirlo en ese sentido y proponerle alguna aguja mágica o algunas gotas de esencia de flores. El problema emocional humano, por ejemplo requiere una atención precisa y personalizada, centrada en sus expectativas y condición humana. Muchas veces, el terapeuta alternativo pecará de omnipotente al continuar aceptando el caso y no llegar a ningún propósito terapéutico, algo que podría solucionarse con la remisión hasta cierto punto normal hacia un terapeuta más calificado o profesional. Son un mar de cosas que se requiere aprender y hay que apoyar a los terapeutas alternativos que creen que es posible continuar esta vocación profundizando sobre algunas materias en particular. Quién sea consciente de la necesidad de actualizarse tendrá la ventaja respecto de aquellos que no logran ver más allá de sus cuatro paredes. La omnipotencia no es en definitiva la mejor opción realista para un mundo que exije resultados honestos, transparentes e inmateriales.

Fuente: http://www.takiruna.com

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