La visión de la curandera – relato

Sta. Rosa de Lima (La Hija del Sol)
Oleo, 2006. By Alejandra Baiz.

LA VISIÓN DE LA CURANDERA

Por Arnaldo Quispe

A Mamita Norma la conocí el año 2001, con motivo de la realización del I ENCUENTRO DE CURANDEROS en la Selva peruana de San Martín, organizado por Takiwasi, entonces mi centro de trabajo. Reunir curanderos peruanos, ecuatorianos, taitas colombianos y hasta una curandera del Africa, fue una empresa ardua y costosa que sugirió más de un año previo de preparación y logística. Felizmente la madre selva nos dio una mano con la organización y los 30 curanderos invitados y demás participantes llegaron puntuales al Encuentro. A cada trabajador nos tocaría la responsabilidad de hospitar uno o dos curanderos, cuando me dijeron que a mi casa llegaría una tal Norma Panduro de la ciudad de Iquitos tuve una sensación inmediata de felicidad. Ella era una curandera ayahuasquera de quién solo tenía hasta entonces buenas referencias. Norma ocuparía por una semana la habitación reservada para huéspedes, por ese motivo su llegada causó mucha alegría a toda mi familia.

Tener a Norma en casa y en el Encuentro de Curanderos me permitió conocerla de cerca, sobre todo conocer a la “mujer-madre” detrás de la “mujer curandera”, pero ella era igual en todas partes, era humilde, íntegra, sincera, una persona honesta cuyo corazón se irradiaba a través de su mirada, sus gestos, sus cantos e icaros. Pero también vimos su parte aguerrida, la mujer jaguar dentro de ella, pues tenía una posición femenina del curanderismo que hasta entonces era de hegemonía masculina, fuí testigo de ello. Era la mujer del bosque, la madre ayahuasca hecha mujer, la mujer hecha ayahuasca y los hombres tenían que escuchar, así no le gustasen. Mucha gente de la ciudad vino a buscarla al saber que se alojaba en mi casa, la invitaban a todas partes, pero su tiempo estaba reservado principalmente a atender las ceremonias y conferencias del Centro Takiwasi.

Hubo una simple experiencia que hizo que comprendiera su capacidad de visión y poder personal. Algo que me dejó pasmado y que produjo un insight en mi corazón. Luego de la primera noche en casa, a la hora del desayuno le preguntamos que cómo se sentía, es decir ¿si había dormido bien?, ella nos dijo que estaba feliz de estar con nosotros, que había dormido bien y que nos agradecía infinitamente estar allí. Sin embargo no era todo, pues nos dijo discretamente que había recibido la visita de una jovencita que le hizo compañía sin molestarla, Norma la describió como pequeña, con trenzas y de aspecto andino. Nos dijo que el alma de esa jovencita llegaba todas las noches para descansar y que estaba contenta que esta vez encontrase una curandera como compañera de cuarto. Escuchar esto nos dejó fríos. La descripción correspondía precisamente a una jovencita belga de origen andino, que meses atrás vino a Takiwasi a tratarse por problemas de drogas y depresión, y que luego de completar su tratamiento regresó a Bélgica para afrontar su reinserción social, pero que por azares del destino terminaría quitándose la vida. Esa jovencita se hospedó precisamente en esa habitación de mi casa por seis enteros meses.

Norma nos dijo que el alma de Amandine -así se llamaba- llegaba a descansar por las noches en la que había sido su habitación, allí se sentía libre, dibujaba, danzaba, escribía canciones y cantaba icaros, pero sobre todo llegaba allí porque era un ambiente donde había recibido un amor familiar como nunca antes había vivido. Norma culminó el desayuno diciendo: “para nada me molesta, ya somos amigas, me hace compañía y estamos felices ambas”.

Aprovechando que una noche los curanderos tenían descanso, Norma me propuso realizar una ceremonia privada de ayahuasca en mi casa, a lo cual accedí gustoso. Me dijo que iba a cantarle a esa jovencita para que finalmente llegue a donde debe llegar. Esto último lo entendí sin titubeos. Además había invitado algunos amigos suyos de la ciudad para participar en la ceremonia. Esa noche la sesión se realizó con 7 personas, con Norma como convidante con la ayuda de otro maestro tabaquero. Fue una sesión fuerte, con visiones coloridas e imágenes que me conectaron directamente con mi abuelo paterno también curandero, pero a quién nunca conocí en persona. Era como si observara mis pasos y me daba una mano cuando hacía falta. Cuando el efecto de la ayahuasca estaba pasando, Norma que estaba a mi costado me dijo casi al oído que mi abuelo curandero estaba presente en la sesión y que estaba atento de todo lo que pasaba, que era como si me cuidara celosamente de lo que pudiera pasar. Hasta entonces no había hablado con Norma ni con nadie de mi abuelo chamán. No había dudas que era una curandera visionaria, ella me habló de mi abuelo como si viera exactamente mi visión. Era una situación irresistible y mágica que completó mi vínculo con mamita Norma, la curandera del bosque amazónico. Norma me dijo además que no tendriamos que preocuparnos por la niña andina que llegaba todas las noches a casa, ya que sus icaros permitieron orientarla hacia un camino de luz y de paz consigo misma, que era lo único que deseaba por sobre todas las cosas. Es hermoso recordarlas a ambas.

Fuente: http://www.takiruna.com

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