Una anécdota en el río

Apacheta en el río Stora

UNA ANÉCDOTA EN EL RÍO

Por Arnaldo Quispe

No quería dejar de pasar esta peculiar experiencia… Normalmente cada vez que frecuento un lugar que considero sagrado, como puede ser una montaña o un río, siempre me viene natural realizar una pequeña ofrenda de haywa, de modo que -de alguna manera- pueda restituir a la Pachamama las oportunidades y enseñanzas que me ofrece. A veces suele ocurrir que se prepara una ofrenda de despacho u en otras una ofrenda del tipo «apacheta», o cuando el caso lo permite se preparan ambas cosas dentro del mismo ritual.

Como repito la principal motivación de abrir este espacio es la de restituir, es decir la reciprocidad con la madre tierra que en el mundo andino lo conocemos como ayni. Pero esta es solo una ventana que nos conecta con una gran calidad de energía. A través de la ofrenda hay de por medio un momento especial de sacralidad, mediante el cual se entra en contacto con la gran fuerza telúrica del lugar, es como pedir permiso a los elementos guardianes que merodean como son: el Apu tutelar y la Ñusta representada en las aguas del río, de este modo se incorpora de una gran calidad de energía fina de la cual los lugares naturales son siempre abundantes.

Con motivo del retiro de mi escuela de psicoterapia, decidí realizar una «apacheta» o «saywa» en el río «Stora» de este sector denominado Teviggio entre las montañas apeninas de la Spezia Ligure. Realizar este tipo de ofrendas no requiere de mayores cosas que de voluntad y una firme conexión interior con la tierra que a uno le acoge. De este modo descendí al río -que en la época del mes de agosto- presenta un caudal muy bajo y elegí una ribera casi al nivel de la corriente, a sabiendas que la crecida del caudal se llevaría todo a su paso. Hay que recordar que en el mundo andino se aplica el concepto de impermanencia, que las cosas son solo de paso y nada dura mucho tiempo mientras que cumple su ciclo. Con esta intención me dispuse a realizar el ritual con la única compañía del padre Sol, de un fresco viento matutino y del constante sonido que produce el río cuando fluye entre las rocas.

La anécdota se dio cuando supuse que una gran roca podría ser el lugar ideal para realizar la ofrenda, es decir esta enorme base podría ser útil para mi propósito. Lo curioso que me llamó la atención es que la roca estaba casi suspendida y era perfecta para la ofrenda, a menos que algo me decía de estar alerta, debido a que esta condición de estar como incrustada en la tierra -de seguro- nadie podría imaginar que era solo cuestión de un pequeño peso y la roca cedería sin mayores problemas.

Cuando elegí las piedras para la saywa, me vino fuerte una roca cuadrada de unos 10 kilos, la cual posicioné sobre la roca suspendida, mientras traté de colocar la segunda piedra… en menos de un segundo la gran roca cedió, pero fue increíble que en menos de ese tiempo un gran reflejo me permitió eludir el gran peso de la piedra y no ser aplastado en el intento… para lo cual prácticamente utilicé mis 4 extremidades para dominar la trayectoria de la piedra, ya que como peso hubiera sido imposible detenerla, al final me di cuenta que termine encima de esta gran piedra, que finalmente resbaló por cerca de un metro y medio hasta posicionarse finalmente en la parte baja del río.

Vino y comestibles para la ofrenda

En el intento de gestionar la piedra tuve una pequeña lesión en mi rodilla izquierda la cual tiene un significado igualmente especial, ya que la forma de la raspadura en la piel es como de un animal sagrado que asocio con un oso de anteojos que solo hay en América del Sur. De repente una señal de tomar contacto físico con las montañas andinas. Una oportunidad para un nuevo viaje, el punto es que la experiencia me trajo un enorme «insigth» y una gran cuota de adrenalina me acompañaría por el resto del día.

Este pequeño contratiempo -muy necesario al parecer- permitió que cambiase el lugar elegido para realizar el ritual, que luego de construido quedó perfecto con las 13 piedras que conforman la columna energética de las 13 lunas, dado que el espacio físico era de una Ñusta. La ofrenda miraba al padre Sol y a los Apus de todo el paisaje por igual. Aún con la adrenalina en el cuerpo, decidí aquietar mi cuerpo y espíritu, realizar una meditación y dar lugar a algunos cantos que llegaron de manera espontánea.

Ofrenda de Haywa

El ritual me hizo reflexionar sobre muchas cosas, que por ejemplo aún cuando la naturaleza parezca ser tranquila y serena te puede dar sorpresas y como en este caso llevar a anécdotas de este tipo, para lo cual recomiendo de estar siempre prevenidos. Para mi en particular fue una «prueba», un paso necesario para estar siempre atento y no dar por descontado nada, todo puede ocurrir aún el lugares apacibles y en cuestión de segundos. La mejor respuesta es sentirse seguro de uno mismo en el sentido de estar preparados ante cualquier eventualidad. Por otra parte estoy convencido que no es bueno estar alejado demasiado tiempo de la naturaleza, hay que buscar la manera de entrar en contacto con la Pachamama -es decir en lugares verdaderamente naturales- y sentir su calor y cariño, aún cuando nos presente pruebas de paso que hay que saber enfrentar.

Fuente: http://www.takiruna.com

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