Pitusiray y Sawasiray, el encuentro eterno de géneros en el mundo andino

Apu Pitusiray

PITUSIRAY Y SAWASIRAY, EL ENCUENTRO ETERNO DE GÉNEROS EN EL MUNDO ANDINO

Por Arnaldo Quispe

Son numerosos los mitos y leyendas heredados del colectivo andino, que narran el encuentro sagrado o tinku entre la paridad femenina y masculino. Historias como la de Pitusiray y Sawasiray que hoy son dos montañas de importante valor representativo de la provincia de Calca en el Valle Sagrado de los Incas. Montañas que -dicho sea de paso- un tiempo eran personas y a raíz del amor prohibido que sentían adquirieron su actual forma perenne en la naturaleza viva andina.

Solo basta recordar la historia de amor entre el general Ollanta y la princesa Kusi Qoyllur para entender la potencialidad del inconsciente colectivo andino para escenificar en lo concreto el más sagrado de los encuentros humanos: el de la pareja, del amor y de la sexualidad sagrada que son elementos de la complementariedad andina de los opuestos o simplemente yanantin.

Por este motivo es muy común encontrar en cada rincón geográfico peñascos, quebradas, montañas, cuevas y lugares sagrados casi siempre correspondidos en orden de paridad, es decir de a dos. Que giran una y otra vez en el tiempo circular andino, motivo por lo cual se mantienen vigentes con el solo afán de impulsar el encuentro del amor unitario y la unión sexual como arquetipos bases del renovamiento humano.

La siguiente historia es una de tantas versiones sobre el tinku sexual, esta narra la competencia entre Pitusira y Kuntisira por el amor de Pitusira. La historia corresponde a una traducción de la lengua quechua al español escrita por César Morante Luna, publicada en el libro “Apus de los cuatro suyos” de Rodolfo Sanchez Garrafa (2006).

“Hace mucho tiempo vivía en Calca un inca muy noble conocido por todos. Dicen que este inca tenía varias mujeres y que en una de ellas tuvo una hija que se llamaba Pitusira. Con el paso de los años Pitusira creció y se convirtió en una bella doncella y su padre la contemplaba con mucha alegría. Después Pitusira se enamoró de un simpático y apuesto joven llamado Sawasira. Se enamoró tanto que le entregó su corazón.

Como la doncella era tan bonita, tenía muchos pretendientes que deseaban casarse con ella, entonces iban a pedir el consentimiento de su padre para casarse con ella. Entonces el inca, viendo que no podía saber cuál de ellos era el mejor, les propuso a todos:

– Quien haga llegar primero el agua hasta este lugar se casará con mi hija.

Cuando Pitusira se enteró del pedido de su padre, pensó con desesperación en que Sawasira, el joven al que tanto amaba, no pudiera vencer en tan difícil tarea, estuvo llorando y temblando de miedo muchos días, mientras que sus pretendientes trabajaban con mucho esfuerzo para traer el agua.

Uno de los pretendientes de Pitusira que se llamaba Kuntisira, construyó un pozo grande en un cerro y el agua empezó a bajar por los andenes de una quebrada.

Mientras tanto Sawasira, trabajando con mucho empeño y amor, pensando en Pitusira, abrió una acequia por la ladera de un cerro por donde quería hacer llegar el agua. Esa acequia se parecía a su corazón y por eso le pusieron el nombre de “Sunqu”. Ese símbolo de su amor lo construyó en mucho tiempo, lo que favoreció a Kuntisira y por eso hizo llegar primero el agua venciendo a los demás y muy contento con ello fue donde el inca a pedirle que cumpla con su palabra.

Pitusira llegó a saber esto y sintió mucha pena, pero como debía cumplir con el mandato de su padre, con mucho dolor de su corazón tuvo que comprometerse para casarse con Kuntisira.

Sawasira con el corazón destrozado se sintió muy triste, más aún al ver que perdía a su amada Pitusira y miles de pensamientos daban vuelta en su mente sin saber qué hacer y subiéndose a un cerro gritó su dolor con todas sus fuerzas.

 – ¡Ay Pitusira mía… qué me hago!

– ¡Ay Pitusira mía… qué será de mí!

Una noche de tormento cuando la ira de los truenos y relámpagos azotaba al pueblo de Calca, Pitusira, recordando a su amado corrió en busca de Sawasira y al encontrarse los dos ya no quisieron separarse más y decidieron irse a los cerros de la cordillera.

Cuando su padre llegó a enterarse de esto, se enojó mucho y quiso enseñarles a vivir en orden, porque en aquellos tiempos ser adúltero y ser mentiroso no tenían perdón.

El dios Wiraqocha también se enojó con lo que hicieron los dos jóvenes y cubriendo sus corazones con un manto helado, los convirtió en dos montañas nevadas.

Actualmente detrás de Calca aparecen dos nevados que son el Pitusiray y el Sawasiray, y detrás de las dos montañas está el Kuntisiray”.

Fuente: http://www.takiruna.com

Bibliografía: “Apus de los Cuatro Suyos” de Rodolfo Sanchez Garrafa (2006).

Esta entrada fue publicada en Takiruna y etiquetada , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s