Los dos senderos – cuento

“LOS DOS SENDEROS”

Autor: Arnaldo Quispe 

El buen intencionado tiene diferentes senderos de vida que podrá elegir para hacerse de una experiencia personal trascendental. Los caminos para alcanzar la iluminación son diversos, pero al final tarde o temprano se llega a la meta si la intención es firme como al principio del camino.

Esta es la historia de tres jóvenes aprendices del curanderismo andino, todos provenientes de poblados dispersos del Cañon del Colca, previamente seleccionados para seguir los pasos de los grandes curanderos paqokunas andinos. Una vez reunidos en el poblado de Chivay se les informó que tenían que peregrinar a los Andes ayacuchanos, a fin de encontrar al maestro curandero encargado del duro entrenamiento iniciático. La búsqueda comenzó en el poblado de Incuyo en las orillas de la laguna de Parinacochas. Se dice que Don Melchor Prado (Paqo curandero) llega de las montañas aledañas para realizar algunos rituales en el sector conocido como Incawasi, antiguo adoratorio incaico. Por suerte, un lugareño les da la pista de como ubicar a Don Melchor, indicándoles una ruta a pie que daría con su chacra, donde el curandero trabaja la tierra. Juan, Camilo y Antonieta, los jóvenes aprendices luego de caminar por horas logran ubicarlo finalmente y se presentaron con la debida cortesía andina, para luego anunciar que venían muy bien recomendados por personas a los cuales ya antes había formado Don Melchor.

Don Melchor Prado tenía la capacidad de ver el corazón de los demás, de leer mediante los ojos el alma de la persona que miraba, de saber por intuición lo que piensan y sienten, sus facultades las había desarrollado desde temprana edad.

Cuenta la leyenda que siendo niño fue víctima de un rayo que casi lo fulmina, el espectro potente de luz arrojó el cuerpo por varios metros de donde estaba, ninguno de los testigos presenciales logró obtener una explicación racional de lo sucedido y cómo pudo sobrevivir de tal impacto. Lo cierto es que Melchor no sería el mismo niño en adelante. En un inicio sufrió mucho por privarse de tantas cosas normales para el promedio de su edad, sus sueños y pesadillas eran traumantes, veía cosas para las cuales no estaba preparado, soñaba aquello que sucedería tarde o temprano, su padre también curandero le dijo: “Llegado el momento decidirás seguir mis pasos o hacer que tu vida tome un rumbo diferente”.

Don Melchor siendo ya jovencito comenzó a curar el mal de ojo de los niños, pasando el huevo y el cuy. Luego aprendió el arte de curar con las hierbas medicinales silvestres, con el tiempo lograría acceder a diferentes enseñanzas de maestros andinos y amazónicos, con quienes perfeccionaría innumerables técnicas y rituales curanderiles. Tenía una hoja de vida respetable y generalmente se daba tiempo para sus nuevos discípulos. Pero ésta era la primera vez que se presentaban tres aprendices juntos, algo para lo cual no estaba habituado.

Para solucionar este impase les propuso una prueba selectiva sencilla. Ellos debían elegir uno de los dos caminos de ripio y tierra que tenían en frente. El vencedor sería aquél que reencontrase a Don Melchor horas más tarde. Este les advirtió que una vez que ponían el primer pie en la senda trazada no podrían tirarse para atrás.

Don Melchor les explicaría la finalidad del primer camino: “Esta es la senda que particularmente les recomiendo, pues permite llegar al elixir del curanderismo, al conocimiento de los secretos de los maestros y de la espiritualidad indígena. Por medio de este sendero lograrán el paso directo para convertirse en verdaderos paqokunas con gran poder”. Luego expuso en qué consistiría el otro camino: “Este camino no les recomiendo puesto que está en muy mal estado, pero se logra divisar el recorrido sin dificultad, aquí los caminantes logran conocer el pensar y el sentir de la gente, entender a la pachamama y la naturaleza de sus hijos. La vida misma, es una senda larga y hay que tener mucha paciencia, pero al final se aprende y se logra algo positivo después de todo”.

Era claro que Don Melchor realizaría el discipulado a quién fuese el primero en encontrarlo. Al final agregó:
“Vayan por el sendero de su elección sin mirar atrás, al final descubrirán el sentido original que conduce al conocimiento correcto”.

Luego de decir éstas palabras, Don Melchor cogió una de sus mulas y cabalgó por un prado accidentado, perdiéndose de la vista de los jóvenes aprendices en pocos segundos.
Sin pensarlo dos veces los jóvenes varones Juan y Camilo eligieron el camino que corresponde al de la esencia del curanderismo, se apuraron con la idea de llegar más rápido a la meta compitiendo entre ellos, luego de cuatro horas de caminata lograron llegar a un poblado, pero la gente les dijo que en dicho lugar no conocían a Don Melchor, el curandero.

Antonieta con un poco de temor había elegido el sendero de la pachamama, luego de unas horas de caminata se dió con la sorpresa de reencontrarse con Don Melchor sentado al lado de la puerta de su casa, el camino que había elegido pasaba justo en frente de la casa del curandero, quién esperaba ya a su nuevo discípulo. La intuición femenina la había conducido por el sendero correcto. En adelante, la nueva aprendiz entendería que el camino del curandero pasa primero por sentir el corazón y el pensamiento del pueblo y de la madre tierra.

Fuente: http://www.takiruna.com

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